LA ADOLESCENCIA

Para nuestro estudio de la adolescencia contemplamos  este importante período evolutivo  desde los 15/16 años (final de la pubertad),  hasta los 20 años (inicio de la etapa  adulta). 

Definición y características de la  adolescencia 

Definir el periodo de nuestra vida que transcurre  entre los 15/16 y los 19/20 años no es  tarea fácil. Quizás una manera de acercarse a  la comprensión de lo que ocurre sería describirla como la etapa de grandes cambios psicológicos,  en contraposición a la etapa anterior  de grandes cambios físicos. 

Pero veamos algunas consideraciones que nos  acercan a comprender esta especial etapa: 

Una crisis para los padres  Es indudable que la adolescencia es la etapa  más temida por los padres, sin duda por la  imagen tan negativa que se tiene en nuestra  sociedad, se la considera como una etapa de  conflictos, de ruptura, de enfrentamientos,  “la edad difícil” o de “la rebeldía sin causa”,  asociándose fundamentalmente al mal comportamiento  y a los problemas en el hijo.  Algunos padres consideran la adolescencia  como una crisis de tipo patológico, y por  tanto interpretan todas las nuevas conductas  del hijo como algo negativo, como un retroceso  en la maduración personal que hay que  combatir y curar.  Al ver la edad de la adolescencia como una  enfermedad reprimen conductas de sus hijos  que son normales en esta edad y que cumplen  una función necesaria para el desarrollo personal,  como puede ser el su actitud crítica y el  defender sus puntos de vista, aunque sean  equivocados.  Aquí tienen su origen algunas actitudes negativas  de muchos padres de hijos adolescentes:  la imposición y el autoritarismo, la incomprensión,  la falta de respeto, la intolerancia, la  impaciencia, la desconfianza, el miedo a que  se le “vaya de las manos”. Son padres que en  vez de ayudar a los hijos a ejercitar las nuevas  capacidades (reflexión, sentido crítico, razonamiento,  autonomía moral, intimidad, apertura  a la amistad, etc.) se dedican con la mejor  intención a frenarlas. De este modo no sólo  retrasan la maduración de sus hijos sino que  además, provocan situaciones de incomunicación  y de conflicto.  Es cierto que muchos de los comportamientos  del adolescente pueden ser vistos como  “defectos”: los adolescentes son imprevisibles,  alocados, con reacciones inesperadas, también  son impacientes, lo quieren todo aquí y ahora,  no saben esperar, y si no lo obtienen se hunden,  además son perezosos, tienden a lo fácil, aplazan  las tareas, desordenados y reacios a seguir  planes y horarios. Conviene que los padres  vean esos “defectos” y esas conductas inmaduras  no como un retroceso en el desarrollo sino  el paso previo de la pubertad a la adultez.  Muchos padres creen erróneamente, y parece  que tienen razón, que su hijo adolescente ha  hecho un retroceso o perdido madurez con respecto  a etapas anteriores, y así se dicen: antes  era más aplicado, más obediente, más respetuoso,  más ordenado, más hablador. En efecto,  en la fase adolescente cuesta mucho más que  antes ser obediente, no porque el hijo esté en  rebeldía sino porque está intentando “hacerse  mayor”, en el sentido de actuar con más autonomía  que antes y no sabe todavía hacerlo  compatible con la dependencia de los padres y  con las reglas de la familia. Le cuesta más  desenvolverse en esta etapa porque está intentando  “valerse por si mismo/a”, vivir sin la protección  y exigencias de los padres, y esto  requiere tomar “distancia de ellos” y reconsiderar  la validez de las reglas establecidas en la  familia, aunque lo hace cuestionándolo todo.  Los padres necesitan conocer los cambios que  surgen en la adolescencia para adecuarse a  ellos y considerarlos como algo natural, como  parte de un proceso de crecimiento y así poder  “acercarse” mejor a sus hijos. 

Como crisis en el hijo  La adolescencia es la etapa del desarrollo evolutivo  humano que implica un cambio cualitativo  en el joven: la maduración de la personalidad,  que consiste en la conquista de la  adultez psicológica y social. El púber sale de la  infancia e intenta entrar la edad adulta, es  preciso que aparezcan dificultades de adaptación  que podemos entender como crisis. La superación de estas crisis es imprescindible  para ir logrando la maduración progresiva  para alcanzar la edad adulta. 

Algunas crisis que se producen en la adolescencia: 

– La crisis de la autoafirmación del yo (que  se expresa como oposición y rebeldía a las  figuras de autoridad). 

– La crisis de las ideas (terreno moral,  social…). 

– La crisis de valores (se cuestiona la formación  recibida durante la infancia y se la  somete a prueba de las propias ideas y  experiencias). 

Estas crisis no convierten a la adolescencia en  un periodo de ruptura con todo lo anterior,  sino en un periodo de evolución y transformación  hacia la etapa siguiente sobre una base  recibida y ya adquirida 

La adolescencia como transición. La maduración. 

La adolescencia es un periodo de transición, es  una continuidad en el desarrollo personal del  ser humano. Es un periodo normal de transición  entre edades donde confluye la estabilidad,  la transformación y el cambio. La estabilidad  viene dada porque la personalidad que se  sigue construyendo en esta etapa se hace  desde una historia previa y unos recursos que  ya existen (por ej: los niños que aprenden a  actuar con iniciativa y autonomía en etapas  anteriores estarán mejor capacitados para  realizar los ajustes correspondientes en la  adolescencia).  Una auténtica transición a la vida adulta no se  reduce solo a la transformación del organismo  infantil en un organismo adulto, tampoco  consiste en imitar el mundo externo de la vida  adulta, ni siquiera basta con adquirir el estatus  social de adulto (los derechos y deberes  correspondientes). Es algo más, es además  lograr la emancipación respecto de la familia  de origen, aunque el hecho de emanciparse de  la tutela familiar no siempre significa ser plenamente  adulto.  Hay muchos jóvenes emancipados que no tienen  bien definida todavía su identidad personal:  quien soy, quien quiero llegar a ser; ni tienen  una personalidad madura: carecen de  estabilidad afectiva, poseen escasa tolerancia  ante las frustraciones normales de la vida, les  cuesta mucho tomar una decisión, no tienen  capacidad de esfuerzo y sacrificio para lograr  metas, etc. En estos casos no han conseguido  aún la adultez psicológica y social, en otras  palabras, no han acabado de madurar. A través  del proceso de maduración el adolescente “se  hace mayor”, se capacita para ser autosuficiente  y asumir las responsabilidades propias  de la vida adulta. 

El proceso de llegar a la adultez psicológica se realiza a través de la maduración en  diferentes planos: 

En el plano físico. Como ya vimos en la pubertad, la maduración se concreta en la transformación  del organismo infantil en un organismo adulto que se da en esa fase. 

En el plano mental. La madurez se concreta en el paso del pensamiento concreto, típico del  niño al pensamiento abstracto o pensamiento formal, propio del adulto. Con el desarrollo de  este tipo de pensamiento, el adolescente se encuentra con la posibilidad de pensar por si  mismo y acceder a la comprensión del mundo y sobre lo que le rodea. 

En el plano afectivo. La madurez se concreta en que los sentimientos apasionados muy variados y con una gran fuerza operativa, se sepan controlar y manifestar. La maduración  afectiva incluye tanto el aprendizaje del autocontrol de las emociones y sentimientos como  el desarrollo de la capacidad para expresarlos. 

En el plano social. La madurez consiste en el paso de las relaciones que se dieron en el estrecho  marco de la familia y de la escuela, a las relaciones en un contexto social más amplio  (como es el grupo de iguales y el grupo de amigos). También se logra por el paso de la relación  de tipo grupal a la relación personalizada, propia de la amistad íntima y del enamoramiento.  Para madurar el adolescente debe aprender diversos comportamientos propios de la  vida adulta, relacionados con las relaciones de pareja y con actitudes y hábitos de trabajo, de  convivencia y de cooperación con los demás. 

En el plano de la personalidad. La madurez es un efecto del paso del “yo” hacia fuera, típico  de la infancia, al “yo” hacia uno mismo. El centro de interés ya no son los objetos externos,  sino uno mismo. El adolescente descubre su riqueza interior, su intimidad, que es uno de  los rasgos esenciales de la persona. A medida que el adolescente profundiza en su intimidad  y la comparte con otros (en las relaciones de amistad o de amor), está en mejores condiciones  de revisar la identidad personal elaborada durante la infancia y de construirse otra nueva,  basada en nuevos modelos de identificación. La madurez de la personalidad incluye también  el paso de la conducta dependiente a la conducta independiente y autónoma. Del modelo de  vida inculcado por los padres a una forma de vida elegida personalmente en función de nuevos  valores, y que no necesariamente tienen que ser totalmente opuestos a los de sus padres.  A partir de aquí el adolescente maduro comienza a tomar decisiones personales relacionadas  con su vida futura y a elaborar un proyecto personal de vida. 

Psicología de la adolescencia  El púber ya no es un niño, pero el adolescente  no es todavía un adulto. De esta ambigüedad  que vive el adolescente y de las transformaciones  y cambios físicos que está experimentando  resulta un complejo mundo de procesos  psicológicos en los que éste se ve inmerso.

De  estos procesos resumimos los siguientes: 

• Manifiesta cada vez una mayor y más  fuerte toma de conciencia de sí mismo. 

• Se produce un rechazo aparente de los  modelos que tenía en la infancia (padres).  Aparece un cierto distanciamiento y desapego  de los padres que, en algunos casos,  puede llegar al enfrentamiento. 

• Los modelos parentales son sustituidos  por otros modelos (héroes, “ídolos”, e  incluso, los padres de sus amigos). 

• Se da un fuerte apego, solidaridad y fidelidad  a los compañeros (creación del  grupo, pandilla, etc.). 

• Puede aparecer perturbaciones o conflictos  emocionales y afectivos ligados a la  rapidez de las transformaciones internas y  externas. 

• Muestra con vehemencia, y en muchos  casos con una lucidez natural y franca,  una actitud más crítica hacia el mundo  que le rodea. 

• Tiende a sentirse solo, único e incomprendido,  por lo que puede encerrarse en sí  mismo. 

• La pulsión sexual se muestra con fuerza.  Al tiempo que puede carecer de información  suficiente sobre la sexualidad. Los  padres deberían hablar abierta y sinceramente  con los hijos sobre este tema, evitando  que se convierta en tema tabú. 

La maduración de la personalidad  en la adolescencia 

Aunque la personalidad se construye progresivamente  durante toda la vida como resultado  del desarrollo intelectual y de la experiencia,  el momento más decisivo es, sin duda, la etapa  adolescente. Parece que es cuando la personalidad  explosiona. Ese despertar típico de laadolescencia está favorecido por algo que ya  hemos visto más atrás, el desarrollo de nuevas  capacidades como la capacidad para el pensamiento  formal. 

Hay cinco características fundamentales del  desarrollo de la personalidad en la adolescencia: 

1. La manifestación del yo. A diferencia de la  etapa puberal donde el joven se identifica  más con el grupo, tiene una identidad  colectiva y compartida que le proporciona  seguridad, el adolescente siente la necesidad  de tener una existencia propia, personal,  diferenciada de la de los demás. Ello es  consecuencia de la “fuerza del yo”, de un yo  que se presenta como una realidad única e  irrepetible y que ya quiere manifestarse con  convicción y fuerza. El yo rehuye desde ese  momento, las situaciones de uniformidad y  anonimato, el interés predominante es  ahora cuidar y resaltar la propia singularidad  y establecer diferencias con los otros.  Este cambio se puede observa en el aspecto  exterior; hasta los 15 años aproximadamente  cada uno se peinaba y se vestía  como los demás, después de esa edad se  tiende a inventar un peinado y usar una  vestimenta original que resalten las diferencias  individuales. Y aquí puede surgir un  motivo de enfrentamiento con los padres.  Buscar ese equilibrio que permita realizarse  el adolescente y sentirse tranquilos los  padres es un reto para ambos.  En ese descubrir del propio yo tiene un  papel importante la introspección (proceso  de mirarse hacia dentro), que responde a la  necesidad de conocerse y comprenderse a si  mismo, de captar y entender lo que le diferencia  de los demás, de ahondar en la propia  personalidad. Hay que tener en cuenta  que el interés prioritario del adolescente es,  en este momento, conocerse y comprenderse  a si mismo, todo lo demás pasa a un  segundo plano, como los estudios, los  padres, la vida familiar, su futuro.  Esta situación existencial hace que el adolescente  preste cada vez menos atención a  sus padres y hermanos, y más a “sus cosas”,  lo que les produce a los padres una sensación  de distanciamiento emocional, de falta  de cariño y de comunicación del hijo adolescente.  El adolescente pasa mucho tiempo dedicado  al descubrimiento de sí mismo, en su soledad.  Aparece una gran tendencia a aislarse  en su mundo, a replegarse sobre si mismo, y  los padres deben darse cuenta de estas  características para respetar estos momentos  de sus hijos. 

2. La necesidad de la intimidad. A medida  que el adolescente avanza en la exploración  de su mundo interior siente una necesidad  creciente de aislarse, de recogerse en  sí mismo. Necesita espacios y momentos  de silencio y de soledad para estar y  encontrarse consigo mismo: así nace la  intimidad personal. La búsqueda de la soledad  no es como suelen creer los mayores,  una conducta de rechazo del mundo ni un  síntoma de inadaptación. El adolescente  necesita aislarse para poder concentrarse  en sí mismo, para buscar su mundo interior.  En otros casos, por el contrario, se observan  conductas excesivamente dependientes de  las situaciones externas, lo que ocurre fuera  de ellos les absorbe, dando lugar a comportamientos  ambiguos, a una cultura del ocio  hedonista, al consumismo, vestir a la moda,  beber sin freno, compras, etc. La tarea de  los padres en esta etapa es colaborar para  que sus hijos lleguen a conciliar en cierta  armonía estas dos vidas la exterior y la  interior.  Otro aspecto importante a tener en cuenta  en el desarrollo de la intimidad en el adolescente  es que ésta se extiende a todo lo  que lo define y caracteriza como persona:  su cuerpo, su aspecto, su habitación, sus  objetos. Surge en esta etapa una acentuación  o exageración de la necesidad de privacidad  y de confidencialidad tanto en el  hogar (su habitación, sus cosas) como en el  cuidado de su persona (aseo, vestimentas,  peinado) o en sus pertenencias (armario,  escritorio, mochila, bolso).  El mundo de la sexualidad y afectividad del  adolescente hace más complejo, si cabe, ese  mundo interior. La intimidad se convierte en  una necesidad que hay que lograr y defender  de cualquier intromisión del exterior.  Esta intimidad no solo supone un respeto  para sus periodos de soledad sino también  de su espacio vital o territorio (puerta cerrada  de la habitación y cuarto de baño, conversaciones  telefónicas, ordenador personal,  mensajes de correo electrónico, cartas, etc.  El/la adolescente necesita tener su espacio  de intimidad, saber que es inviolable, donde  nadie debe ni puede acceder y donde es  imprescindible que se sienta seguro/a.  Lograr en un espacio como el hogar familiar,  donde hay sus limitaciones de espacio, este  objetivo es una habilidad de los padres. 

3. La autoafirmación personal y la identidad  personal. Uno de los efectos del desarrollo  del yo es la necesidad de originalidad.  El adolescente tras empezar a complacerse  de que es diferente está muy interesado en  acentuar y defender esa diferencia. El afán  de originalidad impulsa hacia conductas  singulares. Muchas veces esa originalidad  la expresa en público y la actúa como  inconformismo contra sus padres. Detrás  del interés de ser original está la necesidad  de romper los viejos lazos de dependencia  de los padres y de distanciarse del modo de  vida infantil. De este modo el adolescente  se autoafirma como una personalidad única  y adulta buscando la admiración y el reconocimiento  de los demás.  Muchas de las conductas típicas de los adolescentes  que suelen ser consideradas por  los padres como extrañas, negativas y  absurdas no son otra cosa que recursos de  autoafirmación de un “yo” diferente e independiente.  Por medio de ellas el hijo trata de  demostrar que no es como hace algunos  años, que no es como los demás, que ya es  capaz de pensar por sí mismo y de tomar sus  propias decisiones.

En este contexto pueden  surgir algunas conductas excéntricas, con  las que el adolescente pretende llamar la  atención de los demás y conseguir que se  fijen en el, como por ejemplo: 

La vestimenta personal: forma muy particular,  “rara” o inusual de peinarse, de  vestirse, de adornarse. 

La utilización de un lenguaje propio.  Cada generación y cada grupo de adolescentes  tiene su jerga, no solo para comunicarse  entre ellos, sino también para  diferenciarse y distinguirse de los adultos.  En su esfuerzo por diferenciarse y que se  note pueden aparecer también ciertos comportamientos  exagerados, especialmente  los que denotan desprecio al peligro. Por  ejemplo, conducir de forma temeraria una  motocicleta, hacer con la moto “caballitos”,  negarse irracionalmente a ponerse el casco  de la moto, etc.  Otro aspecto que desespera a los padres en  estos años son las rebeldías contra el tipo  de educación y los modelos establecidos por  los padres y, a veces, contra todo lo establecido,  como recurso para subrayar y defender  sus propios criterios. Los adolescentes se  suelen rebelar:  – Contra la imposición de criterios que les  impidan pensar por sí mismos y aprender  de forma autónoma. Esta actitud es considerada  por los padres como una negativa  desesperante a “recoger” la experiencia  que le ofrece, así autoafirman la autonomía  intelectiva. Es preciso dialogar tranquilamente  y permitir que opinen y decidan  sobre sus estudios, ocio, futuro,  amigos, tratando de encontrar puntos de  encuentro.  – Contra los proteccionismos afectivos de  algunas/os madres/padres que pretenden  sobreproteger al hijo/a. Así autoafirma la  autonomía afectiva. Hay que tratar de negociar (dentro de lo razonable) y respetar  los periodos de tiempo que necesita  para estar con sus amigos, o solo, pero  fuera de casa.  – Contra el autoritarismo de algunos padres,  que pretenden hacerse obedecer por la  fuerza. Así autoafirma su carácter. Es conveniente  flexibilizar algo las conductas  paternas de disciplina y negociar las normas  y los límites con ellos. El adolescente tiene una gran preocupación  por la imagen.

El deseo que pone el  adolescente por conocerse a sí mismo no  se debe solo a la curiosidad por todos los  cambios y novedades que está experimentando,  responde también a la preocupación  por lograr un yo interesante y valioso  para si mismo y para los demás. Le importa  mucho dar buena imagen, necesita  encontrar en su interior algo que merezca  ser estimado por si mismo y por los otros.  Con la llegada de las transformaciones  físicas de la pubertad el autoconcepto  cambia y se basa casi totalmente en la  imagen, es un periodo de gran inestabilidad  para la autoimagen del joven y de  oscilaciones importantes en la autoestima  por los cambios bruscos en el desarrollo  físico producidos en la pubertad.

Así pueden  aparecer: 

– Miedos, dudas, 

– Complejos, 

– Inseguridad. 

– Baja autoestima. 

Por esto los adolescentes necesitan aumentar  considerablemente el reconocimiento  externo, buscan la seguridad en el exterior  en forma de elogios, de alabanzas de su  entorno más próximo: padres, hermanos  mayores, y sobre todo de los amigos. La  ayuda que le pueden prestar los padres en  esta cuestión es favorecer la capacidad de  su autoaceptación personal tratando de  evitar que entren en el error de basar la  autoestima en un concurso o carrera de  logros y éxitos, es importante ayudarle a  que modifique esta actitud equivocada y  superficial basada en las comparaciones, en  modelos publicitarios, estimulando mecanismos  de tranquilidad y aceptación de su  individualidad y de sus diferencias.

El autoconcepto  y la autoestima son dos elementos  importantes pilares de la identidad  personal e indicadores de cómo se va formando  esa identidad. Una identidad personal  apropiada se favorece y desarrolla con  una autoimagen realista y asumida que  ayude a alcanzar la aceptación y estima de  si mismo. El fracaso en la formación de un  concepto de si mismo aceptable y en consonancia  con el yo real y con el mundo al  que pertenece, al que el joven trata de gustar  y en el que tiene que desenvolverse,  suele provocar en el adolescente una crisis  de identidad.

4. La búsqueda de la identidad. A medida que  el adolescente avanza en su etapa y se  adentra en la vida adulta expresa la necesidad  de buscar una identidad propia. Las  intensas transformaciones físicas y psíquicas  que experimentó en la pubertad pudieron  dejar algo alterada la identidad construida a  lo largo de la etapa infantil, creándose así un  estado de vacío de identidad.  El adolescente necesita definirse definitivamente  para así mantener la continuidad y  estabilidad en su vida. La identidad es la  sensación de continuidad de la vida personal  en el tiempo (pasado, presente, futuro)  y en el espacio (su ubicación en la vida:  familia, sociedad, trabajo).  La búsqueda de la identidad personal es  una actividad importante e intensa de la  adolescencia, ya que abarca varias tareas,  1) optar por un sistema de valores; 2) elegir  una ocupación laboral; 3) optar por un  esquema de conducta sexual, y 4) emanciparse  de los padres. 

5. El logro de la identidad. Este es el estado  en el que el adolescente, tras haber superado  una posible crisis de identidad, se plantea  ya objetivos y metas bien definidas con  respecto a una determinada forma de vida  y una posible salida profesional. Lograr la  identidad satisfactoria tiene importantes  beneficios en el desarrollo del adolescente y  en su vida futura, como por ejemplo:  – Mayor aguante ante la incertidumbre típica  de la transición adolescente a adulto.  – Más resistencia a la pérdida de la autoestima.  – Menor conformismo ante las presiones  sociales.  – Una mejor adaptación a la vida social de  adulto. 

Resumen de los principales  cambios en la adolescencia 

Cambios en el yo: identidad  La identidad es el conocimiento coherente y  apreciado que tenemos de nuestra individualidad  que está formado a partir de la personalidad  y de las circunstancias que vivimos.  La formación de la identidad es una tarea que  dura toda la vida teniendo sus raíces en la primera  niñez, pero que ocupa un lugar importante  en la adolescencia. El adolescente, llega  a esta etapa con la identidad de niño (infantil)  y jovencito-púber (algo desorientado y explosivo),  y, durante los años que dura la adolescencia,  tiene como una de las tareas esenciales  la formación de la identidad personal, ya  más definida.  Durante esta época de cambios los adolescentes  ponen a prueba sus sentimientos sobre sí  mismos. Para algunos es una cuestión decisiva consolidar y fortalecer los conceptos que ya  tienen elaborados sobre sí mismo; para otros,  el proceso supone el desarrollo de nuevos conceptos  sobre su persona. La mayoría lleva estos  temas sin demasiada dificultad y resuelve con  éxito el conflicto entre sus propias necesidades  como persona y las nuevas exigencias que les  plantean la familia y la sociedad.  La identidad del adolescente se desarrolla,  muchas veces con calma, poco a poco, con el  paso del tiempo, con muchas pequeñas partes  del yo que vienen desde la niñez y la pubertad  que, poco a poco, se unen de forma organizada  con las que van apareciendo en este periodo. 

La búsqueda de la autonomía  En la adolescencia, la autonomía personal se  convierte por primera, y de forma necesaria e  irrenunciable, en un tema importante. El niño  busca una autonomía limitada, mezcla del  despertar del yo pero con los frenos propios de  los miedos infantiles. El adolescente ya no  tiene miedo sino todo lo contrario, una excesiva  confianza y seguridad en sus fuerzas, lo  que a veces le lleva a creerse omnipotente. La  búsqueda de autonomía del adolescente está  relacionada con la individualización y la independencia,  y es por tanto parte de los mismos  procesos que están implicados en el desarrollo  de la identidad.  Uno de los aspectos de la autonomía y de la  identidad es el distanciamiento de los padres.  A medida que los adolescentes se separan  emocionalmente de sus padres, se apegan más  a los compañeros. Los adolescentes más desapegados  y menos dependientes de los padres  son los más propensos a ceder a la presión de  los amigos, así el resultado es que muchos  jóvenes intercambian la dependencia de sus  padres por un período de dependencia de sus  compañeros.  A pesar de la aceptación y adhesión al grupo  de amigos en temas de moda, música, ocio y  similares, la mayor parte de los adolescentes  adoptan los valores de sus padres en los  asuntos importantes. Las actitudes de los  adolescentes y de los padres parecen haberse  acercado aún más en los últimos 15 años. Las  creencias y valores de los padres, por ejemplo,  tienen aún bastante peso en sus hijos,  pero en otros temas la influencia es menor,  como por ejemplo en lo relacionado con la  sexualidad. 

Cambio en las relaciones familiares  El nuevo cuerpo del adolescente, las cambiantes  relaciones sociales y la nueva capacidad  para meterse en el pensamiento abstracto  afectan la naturaleza de las relaciones familiares.  Niños más o menos amoldables y dependientes  que veían a sus padres como inteligentes,  maravillosos, admirables, dispensadores de  afecto, de disciplina y de bienes materiales, se  convierten en la adolescencia en “casi adultos”,  cuya búsqueda de autonomía personal y  menor dependencia emocional de sus padres  les lleva a defender sus derechos, cuestionar  las normas familiares y ver a sus progenitores  como seres humanos imperfectos, incluso a  sentir cierto rechazo hacia ellos. Es el fuerte  sentido crítico que aparece en la adolescencia  que produce el efecto de la caída de lo dioses.  No obstante, más adelante vuelven a recuperar  bastante la admiración por sus padres.  Las respuestas de los padres a estos cambios  en el cuerpo y mente de sus hijos pueden reflejar  su propia ambivalencia o desconocimiento  para darse cuenta de que sus hijos han crecido,  han cambiado. Algo de tensión entre los  padres y el adolescente es inevitable a medida  que surgen nuevos e inesperados problemas,  pero el enfrentamiento permanente tampoco  es frecuente, salvo excepciones. En una de  cada cuatro familias la transición de los hijos  a la adolescencia, con los respectivos cambios  en los roles familiares, sólo causan conflictos graves, en el resto los conflictos son menores o  esporádicos, es decir soportables.  No obstante, la adolescencia parece ir seguida  de cambios pasajeros de las relaciones familiares,  caracterizándose por mayores conflictos  entre las madres y los hijos y por los intentos  desesperantes, y a veces infructuosos, de  ambos padres para controlar e imponer disciplina,  por suavizar los enfrentamientos y por  respetar los puntos de vista diferentes y a  veces opuestos. Los padres se encuentran con  que su capacidad para dirigir y controlar la  conducta de sus hijos disminuye significativamente  y, por contra, ya no conocen tanto las  actividades que éstos realizan: con quienes  van, a donde, qué hacen, etc. Tanto chicos  como chicas dicen que sus relaciones con los  padres se vuelven más distantes. Es importante  que los padres no dramaticen este enfrentamiento.  Una actitud paterna comprensiva de  este periodo y prudente (aunque no despreocupada,  indiferente o excesivamente confiada)  y eliminará tensión familiar inútil. Recuerde  que la adolescencia es una “enfermedad” que  se cura con el tiempo. 

Cambios en las amistades y la vida social  Los amigos y compañeros son cada vez más  importantes en la vida del adolescente. La  contribución que el grupo de amigos hace al  desarrollo social del joven puede ser especialmente  importante durante la primera etapa de  la misma, cuando están empezando a aceptar  los cambios físicos y emocionales de sus vidas.  En la mayoría de los casos, el creciente apego  hacia los compañeros no interfiere en sus relaciones  con los padres, ni las elimina, sino que  más bien las complementa.  El tipo de amistades cambia a medida que el  adolescente se involucra en una relación íntima  que se caracteriza más por el compartir.  Las amistades íntimas aumentan notoriamente  entre los 14 y 16 años, quizá debido a que  a esa edad los jóvenes están preparados para  ese tipo de relación más profunda, y se amplía  y consolida de los 16 en adelante. Sus nuevos  esquemas cognitivos les permiten ponerse en  el lugar del amigo, ver sus puntos de vista e  imaginar cómo éste puede llegar a sentirse.  Las amistades de la adolescencia suponen una  relación mutua en la que los amigos se cuidan,  comparten pensamientos y se consuelan entre  sí. Hay en esta etapa una fuerte empatía con  los amigos y el grupo. Es importante tener en  cuenta cuáles son los valores, actitudes y  planteamientos frente a la vida que tiene el  grupo al que pertenece el adolescente para  determinar por dónde puede ir, y a veces  puede que no convenga, su desarrollo como  persona. Los padres deberían hablar con sus  hijos sobre este tema.  En la adolescencia las amistades y la intimidad  son mayores con los amigos del mismo sexo.  Entre las chicas esta profundización emocional  es más rápida y más intensa. En la mitad  de la adolescencia las muchachas desean confiar  en alguien que pueda ofrecer apoyo emocional  y comprensión. A esta edad un amigo  ha de ser leal, alguien con quien se pueda confiar  y que pueda aportar apoyo en una posible  crisis emocional.  A eso de los 17 ó 18 años las chicas se sienten  más seguras en su propia identidad que los  chicos y ya no necesitan identificarse tanto  con una compañera emocional. Se preocupan  menos por la lealtad, la seguridad y la confianza  y muchas se han decantado por intimar  con los chicos. Respecto a los chicos, muchos  pasan su vida social en el grupo y pandilla de  amigos a la vez que en parejas. Esto hace que  en sus vidas el grupo de compañeros sea especialmente  amplio. 

El grupo de compañeros  Durante los primeros años de la adolescencia  la estructura del grupo de compañeros cambia.  La importancia del grupo va en aumento  en la primera y mediana adolescencia (16 a  18 años), ya que el sentido de la pertenencia  a un grupo especial reafirma el sentido de  seguridad a nivel social y facilita la separación  de la familia y la formación de la identidad.  Tales camarillas poseen una estructura jerárquica  que se va debilitando, en tanto la pertenencia  al grupo va disminuyendo, a medida  que se acerca el final de la adolescencia. A medida que los amigos van siendo cada vez  más importantes, los adolescentes más adultos  pueden encontrar que tener amistades  individuales –ya sea con el mismo sexo o el  contrario– es más importante y gratificante  que ser uno más de una pandilla. Así la pandilla  ha cumplido su función, ahora tiene más  importancia las amistades individuales. 

El desarrollo de la conducta sexual  La socialización de las chicas en la niñez y en  la temprana adolescencia por lo general las  hace más competentes y cualificadas en las  relaciones interpersonales que los chicos. La  mayoría de las chicas, respecto de los chicos,  incorpora a la conducta sexual un papel social  y de identidad que ya incluye la capacidad de  ternura y de sensibilidad. Las adolescentes  consideran la relación interpersonal dentro de  la sexualidad como algo mucho más importante  que los chicos.  Cuando una relación entre chico y chica está  en su primera fase, los chicos son mucho más  permisivos que las chicas, ven una gama de  comportamiento sexual “adecuado” mucho  más amplia que ellas, que generalmente reservan  la intimidad sexual para relaciones en las  que sienten que hay amor por su compañero y,  desde ese momento, no salen con nadie más.  Por cada chica, cuatro chicos creen que la  relación sexual es adecuada cuando sienten  afecto, e incluso en otros casos cuando solo  hay deseo, pero no amor, por las que son sus  compañeras. Por el contrario no ocurre lo  mismo en las chicas, sienten que la sexualidad  tiene más que ver con el amor.  Los padres todavía pueden tener alguna  influencia sobre la conducta sexual de sus  hijos. Cuando estos observan a sus hijos y  supervisan, razonablemente, sus actividades,  las relaciones sexuales tienden a retrasarse. La  comunicación entre adolescentes y padres, en  este tema, también es importante, relacionándose  la falta de comunicación con un inicio de  la actividad sexual más temprana y, en algunos  casos, de consecuencias que luego no  están en condiciones de afrontar. 

Cambios cognitivos 

Los niños y niñas tienen un pensamiento centrado  en su situación actual y en los acontecimientos  concretos que tienen lugar en el  momento. A medida que desarrollan la habilidad  de pensar libre y sistemáticamente, los  adolescentes desarrollan poderosamente su  pensamiento y empiezan a reflexionar sobre el  futuro logrando ya razonar sobre los conceptos  abstractos y las ideas. Piensan con bastante  profundidad en la educación, la moralidad,  la religión, la justicia y la verdad, en los comportamientos  de los adultos e, incluso, hasta  en la propia naturaleza de la existencia. Las  contradicciones y la aparente hipocresía que  ahora detectan de forma brutal en el mundo  que les rodea y que a menudo les conduce a  discutir apasionadamente sobre ideales y a  luchar por causas justas, así como la clarificación  y potenciación de los valores y actitudes  que rigen en el mundo del adulto, es parte del  proceso de identidad que en el adolescente  está constituyéndose.

La adolescencia en la sociedad  actual 

Aunque hay ciertos patrones característicos en  el desarrollo humano que comparten las civilizaciones  de todas las épocas, el proceso del  desarrollo y madurez está ampliamente influido  por las fuerzas socioeconómicas del  momento. Esto se advierte sobre todo en la  adolescencia, cuando el joven trata de aprender  a vivir con las presiones sociales, a desenvolverse  en el mundo del adulto y alcanzar un  equilibrio entre sus valores y los de la sociedad  que se encuentra. Los adolescentes son muy  sensibles ante la sociedad que los rodea: sus  valores, las tensiones políticas y económicas,  sus reglas implícitas o sobreentendidas, las  modas, etc. Los adolescentes se encuentran en  el proceso de formar planes y esperanzas sobre  su propio futuro y tales esperanzas van a  depender en gran medida de las condiciones  sociales, culturales y económicas, que se  encuentren, así como del momento histórico  en el que vivan.  La adolescencia puede ser un período relativamente  corto y fácil hacia la independencia o  puede representar una prolongada y traumática  dependencia de la familia.  Cada momento histórico ha tenido sus “problemas”  para los adolescentes, pero el actual,  recién entrado en el siglo XXI, es especialmente  conflictivo para ellos por varios motivos:  dificultades e inestabilidad laboral, cambios y  pérdida de valores y falta de actitudes positivas  frente a la vida (como el esfuerzo y sacrifico  por conseguir las cosas, la falta de tolerancia  a la frustración, un sentido hedonista  -por encima del responsable- de la vida), una  búsqueda de la diversión y “fiesta” sin límites,  conducir corriendo riesgos que puede desembocar  en una muerte accidental o una lesión  permanente, sin olvidar el problema que preocupa  mucho a los padres: la “explosión” actual  (en variedad y cantidad) del uso de drogas  para el ocio y el tiempo libre.

Este fenómeno  de las drogas está haciendo que generación  tras generación haya más jóvenes que se  adentran en este terrible problema, comprobándose  año tras año el tremendo drama individual,  familiar y social que está representando  las drogodependencias. El papel de los  padres en la prevención este problema es  necesario, vital e insustituible.  Cuidar de ese gran grupo de jóvenes que han  decidido no entrar en el mundo de las drogas,  bien por motivos personales sustentados en  valores sólidos y profundos, o bien por los  estragos ocasionados que han visto en jóvenes  de otras generaciones –e incluso en la suya-,  es un deber y un reto de toda la sociedad.  Como lo es hacer lo posible porque aquellos  que están dentro de ella se conciencien y se  planteen salir. 

Adolescencia

Ejercicios para hacer con adolescentes

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