La curación espontanea de las creencias

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Segunda parte

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Vivimos nuestra vida basándonos en lo que creemos. Cuando reflexionamos sobre la verdad de esta afirmación, reconocemos otra realidad aún más sorprendente: independientemente de lo que podamos hacer en la vida, las creencias que preceden a nuestras acciones son el fundamento de todo lo que atesoramos, soñamos, logramos y llegamos a ser.

A comienzos del siglo XX, Albert Einstein hizo referencia a la misteriosa fuerza que existe en el espacio que llena lo que vemos, el universo que nos rodea. «La naturaleza sólo nos enseña la cola del león», dijo.

Los nuevos descubrimientos muestran que el león de Einstein es la fuerza que Max Planck describió como la matriz que llena el espacio vacío y conecta todo con todo lo demás. Esta matriz es el medio que une nuestras creencias internas con el mundo que nos rodea.

La existencia de este campo implica dos cosas directamente relacionadas con el poder de las creencias en nuestras vidas. El primer principio sugiere que como todo existe dentro de la Matriz Divina, todo está conectado. Si las cosas están conectadas, lo que hagamos en un lugar influirá en lo que ocurra en otros lugares. El segundo principio sugiere que la Matriz Divina es holográfica, lo que significa que cualquier porción del campo contiene la totalidad de éste.

El autor Gregg Braden en su obra la Matriz Divina expone en un sentido metafórico, la interrelación entre lo espiritual y la ciencia, donde lo espiritual lo coloca como aquella fuerza que nos mueve y que nos puede controlar y manifestarse a través de muchas reacciones, que provocan un actuar dentro del entorno en que nos desarrollemos y a su vez la ciencia la emboza como el progreso acelerado de la tecnología y lo cuántico, generando cambios inevitables, cambios que ocasionan en nosotros desadaptación a esa realidad nueva y cambiante, suscitando la necesidad de unir fuerza internas para acoplarnos a ese cambio y no perder nuestra propia homeostasis, utilizando nuestros propios recursos internos.

Por otro lado si nos miramos en nuestro interior observamos que nosotros somos el producto de nuestras propias reacciones y nuestro cuerpo es catalizador de esas reacciones, donde fluyen, se dinamizan se transforman o de igual forma se estancan, quedando sucumbido en procesos emocionales los cuales según muchos teóricos son las patologías que día a día vemos como crecen y se realzan para manejar la voluntad de quien las padece, el mundo cósmico también se interrelaciona con sus fuerzas y fenómenos que afectan nuestro planeta y los que en ella habitan y somos nosotros, somos parte de él y a su vez nosotros somos cosmos que estamos constituidos por macropartículas que nos dan una  constitución única e irrepetible y es cuando hablamos del ADN y una vez unidas forman nuestra genética haciéndonos un ser único provisto de una identidad de sentimientos tantos positivos como negativos, de fuerzas internas que interactúan con otras favoreciendo de esta forma nuestras reacciones, de defectos en nuestros cuerpos llamados enfermedades o de habilidades que enriquecen nuestras competencias.

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