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El marginar a una persona, maltratarla, humillarla, conduce a la persona a la pérdida de sentido.

En un intento por comprender, la persona se pierde en un espiral de auto-inculpaciones sin fin.

La perversión en tal situación está dada en la intencionalidad.

Los acosadores suelen enmascararse en excusas, invocación del error, la torpeza y la broma para justificar su conducta.

Estas negaciones puede ser una hábil estrategia o tal vez un proceso inconsciente. Se puede tener un registro que está hiriendo al otro pero negar o banalizar la mala imagen de sí mismo que genera.

La víctima va a necesitar que el agresor reconozca la violencia que ejerce, caso contrario se llenará de dudas acerca de sus percepciones.

El acoso moral es una representación de la violencia que se materializa en distintos ámbitos laborales (Morales, 2016). Tiene que ver con una violencia sutil e insidiosa y que se extiende gracias al ejercicio de acciones hostiles (Hirigoyen, 1999; 20132016). Piñuel (2005) destacó que se dirige acoso moral o mobbing hacia un trabajador por parte de uno u otros trabajadores para lograr su aniquilación psicológica o destrucción psíquica.

El acoso moral puede manipular a la persona mediante el desprecio de su libertad con el único fin de que los demás aumenten su poder y su beneficio.

La manipulación se clarifica cuando el acoso es una estrategia deliberada.

 

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