Sanando tu árbol genealógico

“El oro que cae en el barro no se pudre.”
Alejandro Jodorowsky

La cita contiene una verdad esencial.
La historia familiar resuena en cada uno de nosotros. No hay ninguna familia que no se mueva, de un modo u otro, en el barro del dolor, de la pérdida, de la enfermedad o del fracaso. Pero tampoco hay ninguna familia que no produzca una pepita de oro bajo la forma de cada uno de sus miembros. El barro del que provenimos, el barro bíblico del que estamos formados, no es sino la excusa de aquello que nos ha creado, llámese Dios, la naturaleza, el azar o el anima mundi, para producir el oro que somos. En la perfecta imperfección de este vida que vivimos, cada existencia es la suma de cientos, de miles de vidas de antepasados que están presentes en nuestros genes, en las historias que nos han contado, en los rasgos de nuestro carácter, en los silencios que nos han sido transmitidos.

Todos llevamos en nuestro interior parte de un dolor transgeneracional que se manifiesta en lo que somos ahora, en nuestros conflictos y en nuestras dudas. Por eso es necesario conocer las historias, revelarlas e incluso imaginarlas, de manera que podamos sanar ese dolor y convertirnos en seres más libres.

Gracias a sencillos ejercicios, podemos comenzar a liberarnos de una carga que en ocasiones ni siquiera teníamos consciencia de llevar sobre nuestros hombros.